7 de enero de 2016

2016 me sabe a

2016 me sabe a ilusiones, nervios, y quizá aún, a roscón. Este año, par y bisiesto, me huele a neroli y a peach echo aunque el rosa cuarzo sea el must.

Lo veo naranja, cálido y largo y lo aguardo con expectación ante las sorpresas que traiga el viento y con deseos de cosas nuevas.

Ahora todo el mundo habla de cambio. Se lee en los periódicos y se escucha en los bares, pero en estos primeros días, donde los propósitos copan las cabezas de la mayoría y crecen las inscripciones a los gimnasios a mí también me gusta aferrarme a lo de siempre.

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Me gusta mi casa, por mucho que quiera cambiarla con alguna cosa que he fichado en Sostrene Grene y con algún que otro cactus; el color rojo de mi habitación de toda la vida; el jamón, que podré disfrutar en lugares tan agradables como Bocadillo de Jamón y Champán o estar con los nuevos viejos amigos que ya los sientes tan de SIEMPRE.

Estos días me gusta escuchar canciones familiares que digan eso de: ‘Qué ganas de un cursillo acelerado de besos de tornillo’; probar vinos tintos y atreverme con algo tan nuevo y viejo para mí como el ballet, una cosa que veía imposible pero que en Madrid ya se puede hacer de una forma genial en B3B, un gimnasio donde se combinan las clases de bici, boxing y balletQuizá es un poco locura, pero puede que engañe a alguien para que venga conmigo a probar un poco de todo esto #tienepintón

Estos días, en los que da tiempo a leer y descansar, pienso en un 2016 que me sabe a futuro, pero también a raíces. En un 2016 que ya ha llegado, pero que aún tiene muchos días por delante para sorprendernos.


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