28 de octubre de 2015

Una boda en invierno con magia

El período de bodas por antonomasia es primavera-verano, pero las bodas de otoño y sobre todo, las de invierno, si se hacen con mucho mimo y una buena dosis de encanto, destilan magia.

Ahora que el mundo de las bodas se ha reunido en el Love Lab Days de Gijón y que tengo una media de cuatro bodas al año, diré que si me casara en invierno me encantaría hacerlo con un vestido de flores como el de Houghton y arropada en una capa blanca a medio camino entre la de Caperucita Roja y la de Tatiana Santo Domingo.


                            (Houghton)

Me gustaría una boda en la que el color azul conjugara con el fucsia de los brezos y si se puede pedir, que se celebrará en un invernadero o en un hotel tan bonito como La Casa de los Tomillares en Candeleda.



(Casa Los Tomillares)



Si me casara ahora elegiría las flores de Sally Hambleton o las de Elena Suárez y pediría que alguien cantara Blue Moon, que me sabe a casa y a invierno. Todo eso, si me casara en invierno.




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