28 de octubre de 2015

Una boda en invierno con magia

El período de bodas por antonomasia es primavera-verano, pero las bodas de otoño y sobre todo, las de invierno, si se hacen con mucho mimo y una buena dosis de encanto, destilan magia.

Ahora que el mundo de las bodas se ha reunido en el Love Lab Days de Gijón y que tengo una media de cuatro bodas al año, diré que si me casara en invierno me encantaría hacerlo con un vestido de flores como el de Houghton y arropada en una capa blanca a medio camino entre la de Caperucita Roja y la de Tatiana Santo Domingo.


                            (Houghton)

Me gustaría una boda en la que el color azul conjugara con el fucsia de los brezos y si se puede pedir, que se celebrará en un invernadero o en un hotel tan bonito como La Casa de los Tomillares en Candeleda.



(Casa Los Tomillares)



Si me casara ahora elegiría las flores de Sally Hambleton o las de Elena Suárez y pediría que alguien cantara Blue Moon, que me sabe a casa y a invierno. Todo eso, si me casara en invierno.




15 de octubre de 2015

Un toque de color a lo Wes Anderson

Que las setas, la paleta de colores tierra que domina el campo y un buen trago de café caliente son clásicos maravillosos del otoño es algo indiscutible, pero en esta época también me entra la morriña del brillo de los meses de verano y para eso nada mejor que una ración de universo Wes Anderson.

Color a raudales y un toque de increíble locura componen el común denominador de las películas de este cineasta estadounidense, cuyo universo tiene tantos adeptos, que no sólo se limita al Gran Hotel Budapest o a los scouts de Moonrise Kingdom.



El lugar más andersoniano que conozco en estos momentos es el Bar Luce de la Fundación Prada de Milán. Diseñado por Anderson, recrea la atmósfera de un típico café milanés y es un lugar donde al propio director le gustaría "pasar sus tardes de no-ficción".

Pero mucho más cerca, aquí, en España, hay un lugar que dicen que está dedicado a uno de los personajes más queridos de la familia Tenembaum: Margot. En pleno paseo de Gracia, Margot House, se define como un lugar que tiene lo que necesitas y que prescinde de lo que no. 

"Un hotel donde las cosas pasan con calma y facilidad y lo esencial se convierte en excepcional", reza la web de este hotel, que quiero conocer en persona lo antes posible.



Y para ir allí no dudaría en ponerme uno de los deliciosos vestidos de Bluemarine o en llevar un mix rosa-rojo, una mezcla que me tiene loca desde hace unos meses ¿Y a ti?




5 de octubre de 2015

De puntualidad, cirros y sombreros

Cumplir los horarios es una de las mejores y peores cosas que tiene la rutina. Lo menos agradable pasa por las prisas y el estrés que conllevan; pero en el lado positivo, tengo que agradecer al reloj que me diga cuándo comer, dormir o que una siesta no puede durar tres horas.

En otoño la rutina es uno más de la familia, y como ya he dicho en otras ocasiones, a veces la agradezco. Eso sí, hay que sacarle su buena cara, porque la mala puede hundirte el ánimo hasta más no poder. Para ello, nada como ponerte un sombrero si llueve; saber qué nubes no dejan que te llegue el brillo del sol y buscar algo bonito para la muñeca, si no quieres comerte muchas broncas por llegar tarde.

En tres pequeñas pinceladas para sacarle la buena cara a la rutina diré que nada como una buena clase de nubes en la que aprender que los Simpsons viven eternamente bajo un cielo de cúmulos o que en 'La canción más hermosa del mundo' Sabina les canta a ellas cuando habla de cúmulos, cirros y estratos.

(Lack of Color)


En el caso de los sombreros, la cosa está clara. Los de Lack of Color son de los más bonitos que he visto por ahí, y para no llegar tarde, puedes hacerte con un reloj Komono. Son modernos, asequibles y bonitos: perfectos para el día a día. Además,vienen en unas cajas que me encantan.


Son pequeñas ideas que a una se le ocurren en un domingo pardo de otoño, pero seguro que hay cientos de pequeños detalles con los que darle una vuelta a estos días.