24 de noviembre de 2014

Slow life

Correr se ha puesto tan de moda que ahora sólo quiero hacer lo contrario, y eso que tengo que prepararme para correr diez kilómetros en poco más de un mes. Ir a la carrera es algo habitual en el siglo XXI y mi pan de cada día, aunque yo, por definición, soy amante de la slow life, algo que paradójicamente practico demasiado poco.

Me gusta levantarme tranquilamente, tener mi tiempo para desayunar e ir paseando a los sitios, cuando en realidad lo que hago es lo mismo pero deprisa, lo que quita todo el encanto a cosas tan deliciosas como comer o buscar una planta que llene ese rincón absurdo que tienes en casa.

La filosofía del tupper es útil, pero a la larga me agobia y llega un día en el que me digo: basta ya. Ese momento ha llegado (una vez más) y por eso, ya que el sabor a Navidad se empieza a notar en la ciudad, pongo mi reloj a cero y espero que, aunque sea por unos días, cada minuto cuente.

(Filandón)

En estos días en que los minutos serán valiosos tengo deseos acumulados por cumplir como una comida de fin de semana en Filandón, leer Bon Viveur siempre que tenga tiempo, hacer alguna de las recetas de Bakers Royale, encontrar un poco de muérdago para ponerlo a la puerta de casa y que la gente se bese al llegar o lanzarme de una vez a correr sin tener prisa.

(Bakers Royale)

Puedo hacer mil cosas en un día, pero por mucho que la red sea el futuro quiero pararme a leer los periódicos en papel (también esas secciones que me dejo leer en vacaciones), quiero que vuelvan esas conversaciones sin punto y final que teníamos entonces, cuando vivíamos juntas y quedaba mucho tiempo por delante, y decir #NO a todos los restaurantes que tengan turnos para cenar.



Tengo ganas de conocer la floristería Moss de la que todo el mundo habla, leer tranquilamente lo que dice la belle Garance sobre Corsica, pero también sobre su vida; encontrar algo precioso en Kenay Home o disfrutar más de los pequeños Peter Pan que ahora hay en mi mundo¿podré hacerlo? Lo dudo pero lo intentaré.

(Moss)

11 de noviembre de 2014

La última vez que

Ya no recordaba de la última vez que me puse a mirar Pinterest como una loca, de aquella noche que terminamos en un karaoke o del día en que comí almendras hasta reventar, pero ahora tengo un claro recuerdo de cuándo sucedió todo eso.

Hay una sensación que me encanta y es darte cuenta de lo que te gustaba hacer algo, que por el motivo que sea dejaste de hacer hace mucho tiempo, y volver a retomarlo. En mi caso las almendras han sido una de esas cosas, pero también forma parte de ese grupo levantarse un lunes sin prisas, cocinar unas alubias rojas sin estropearlas o ver de nuevo los miles de adornos de Navidad que ya lucen en las tiendas.

Hace años, quince más o menos, que no iba a clase de nada, meses que no me daba cuenta de lo mucho que me encantan l@s pelirroj@s y siglos desde que no recordaba lo que me gustan los supertatuajes.

(Pinterest)

Había pasado mucho tiempo desde que comía arroz con tomate un domingo, escuchaba A la la Long, escribía en una pizarra o me encontraba mensajes por la calle (incluidos los de Boa Mistura que inundan Madrid).



Hace mucho tiempo que no hacía o pensaba en esas cosas y no me daba cuenta de lo que las echaba de menos. Parecen rutinas sin sentido pero para mí son tan maravillosas como la sensación de escuchar a Sabina tras meses de tenerlo encerrado en el fondo de una playlist.

Por eso, mi propósito prenavideño es acabar con esas últimas veces que a veces parecen tan lejanas y no perderme esas cosas que siempre me ha gustado hacer.

... Y tú, ¿hay algo que quieras retomar en tu vida? ...