22 de octubre de 2014

El final del principio

Llevo unas semanas tan convencida de que estamos en el principio que no me he dado cuenta de que al menos una vez hemos querido comer algo caliente y ponernos unas botas en los pies, claras señales de que, al menos, estamos en el final del principio.

He pasado unos días tan atolondrada que no he pensado en que las revistas ya no hablan de sanearse el pelo, Bailando de Enrique Iglesias no retumba en todas las discotecas, los boletus son los reyes de la mesa y las gafas polarizadas ya no invaden la ciudad.

Los turrones se han hecho con un hueco en el supermercado, el ébola ha venido y (crucemos los dedos) se ha ido, las calabazas han hecho su aparición en los chinos y han vuelto las capas.

(Pinterest)


Ya es el final del principio porque hemos visto Boyhood, deseamos volver a París, porque por fin nos hemos apuntado a inglés, porque los chicos de Better han anunciado que del 21 de noviembre al 24 de diciembre vuelve The Houseque sabe a Navidad (y mucho), y porque Kinfolk ha llegado a mis manos en forma de sorpresa.

(Blog de Better)

Es el final del principio porque aún no he acabado El Juego de Ripper, pero ya sueño con ver La Desaparición de Eleanor Rigby; porque he comido hojaldre y Sabina ha anunciado que tocará en Madrid. No una, sino dos veces.





Ya es otoño porque en unos días cambian la hora y porque, momentáneamente, volvieron los paraguas y esas ganas de pasar el fin de semana en casa viendo lo que llueve fuera. Es el final del principio porque ya pensamos en la carta a los Reyes Magos y eso sí que ya no tiene marcha atrás.

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