27 de noviembre de 2013

Marrakech a través de mi objetivo

Con escasez de cámaras y de batería es como llegamos hace unos días a Marrakech para un viaje de cuatro días, pero gracias al truco de no ver las fotos una vez hechas para ahorrar energía y la tecnología de los móviles pudimos llevarnos unas bonitas fotos de esta ciudad de color rosa.

Nada más llegar a Marrakech y con la vista puesta en encontrar la famosa plaza de Jemaa el Fna, lo primero que hicimos fue perdernos en el zoco. Vivíamos en el norte de la Medina, por lo que cada día atravesábamos varias veces los miles de coloridos puestos.




Había especias, maletas, carteras, lámparas y, sobre todo, babuchas




Pero como hay vida más allá del zoco, vimos los jardines de la mezquita de la Koutoubia




Y los deliciosos jardines de Majorelle, donde vivió el diseñador Yves Saint Laurent




Salimos de fiesta en el Djellabar, en el barrio de Hivernage 




Descansamos en el acogedor Riad de Vinci, donde nos trataron increíblemente bien y tomamos unos desayunos maravillosos




Vimos anochecer en la plaza Jemaa el Fna desde el Café de France



Visitamos en barrio judío, vimos a los encantadores de serpientes, soñamos en el Hotel La Mamounia, huimos del olor de las calesas, regateamos por el taxi e intentamos encontrar a Bogart en el Rick's de Casablanca, pero eso ya es otra historia... muy larga



18 de noviembre de 2013

Recordaré noviembre

Con noviembre me pasa un poco como con febrero, no hay nada que me resulte especial en él, salvó un cumpleaños muy querido. Hace tiempo que llegó el otoño y aún no es época de Navidad, aunque las luces se enciendan el 29; no es época de bañarse en la playa pero tampoco de ver la nieve por la ventana, y la verdad, las castañas no me gustan.

Para los más modernos noviembre es Movember, una época en la que todos se dejan bigote por una buena causa, pero yo recordaré este mes por otras pequeñas cosas. Para mi, este mes de noviembre (gracias a una carismática hispano-parisina) es el mes de Mélanie Laurent y su En t'attendant

Laurent ya me pareció una mujer arrebatadora en Malditos Bastardos y una chica deliciosa en The Begginners, pero un pequeño regalo en forma de vídeo me ha hecho declararme fan total de esta francesa.





Otra de las cosas por las que recordaré este mes de noviembre es por La trama Nupcial, el nuevo libro de Jeffrey Eugenides que narra la vida de una estudiante de Brown adicta a las novelas románticas. Me encantó Las vírgenes suicidas. Veremos que pasa con su última obra.




Recordaré noviembre por haber rebajado un poco mi odio hacia el barrio de Las Letras, como se ha visto en post anteriores; por el caótico Tetuán de El Tiempo entre Costuras y por un sabroso sandwich que tomé en el Crumb, un pequeño local en la calle Conde Duque (postre incluido).




Noviembre es un mes en que echo de menos a muchas personas y un mal mes para las locuras, pero se puede recordar por las pequeñas cosas que llenan sus días, ¿o no?



11 de noviembre de 2013

Una de intelectuales y gastronomía

Que el barrio de las Letras está dominado por los guiris y los bares de copas es algo que nadie puede negar, pero aún quedan resquicios de la cultura que se respiraba hasta hace años por algunas de sus calles, como sucede con el Ateneo.

Nacido en 1835, al “amparo de vientos liberales”, el Ateneo se convirtió en lugar de tertulias, debates y conferencias para políticos, poetas y pensadores; pero con el paso de los tiempos, las tapas, los músicos callejeros y las cañas de los domingos, le han ido arrinconando hasta casi dejar de existir para muchos de los que pasan por su puerta.
Sin embargo, en una fusión entre tradición y modernidad, el restaurante ‘Ateneo. Restaurant Bar & Club’ ha llegado a la centenaria institución con aires de innovación. 
Y es que el nuevo restaurante del Ateneo se caracteriza por una decoración moderna con cierto aire neoyorkino que contrasta a la perfección con la solemnidad de la Casa.
En su carta, platos mediterráneos modernizados y a los postres, una rica crème brûlée, pero, sin duda, lo que más atrapa de este céntrico local es que no es más que una burbuja de modernidad en una institución centenaria.


                             (Ateneo)