20 de mayo de 2013

La nada deliciosa

Dejar la ciudad, los tacones, el metro y el maquillaje de vez en cuando sienta bien y más, si tu destino es uno de los lugares más bonitos de Europa a pesar de no tener una gran urbe, playa, rascacielos, ni el Big Ben.

Me encantan el bullicio de Londres y el charme de París, pero adoro el arte, la comida, la luz, el rosé, la tranquilidad y la belleza infinita de la belle Provence, con el Pont d'Avignon, los brocantes, las puertas azules de Gordes y la lavanda que llega hasta el horizonte.

(Le Crazy)


De la Provenza me gusta su olor a impresionistas, sus mercados, su jabón de Marsella, las telas y la delicadeza de sus rincones, desde la burguesa Aix en Provence, llena de cafés y boutiques de moda, hasta la tranquilidad que destilan los pueblos de montaña del Luberon como Bonnieux o Menerbes.

(Le Crazy)


De este rincón de Francia, capitaneado por la canalla Marsella, me atrae la proximidad del estilo de vida bon vivant de los que recorren sus pintorescos pueblos y el duro trabajo de los agricultores de la zona; la mezcla de ferraris y tractores y la locura que genera la existencia de Sotheby's en un pueblo perdido en la montaña.

(Le Crazy)


Lo que me gusta de la Provenza es lo que me hace sentir nada más pisarla, aunque en realidad no vaya buscando nada concreto, sino solo a ella.

(Le Crazy)

¿Te pasa en algún lugar del mundo?

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