27 de diciembre de 2012

Pequeños placeres de invierno


Llegó el invierno y con él los abrigos de pelo, mi sombrero austriaco y mis calentitas Ugg. Llegó el inverno y con él, la nieve, las castañas y amortizar a tope los botines. Llegó el invierno y con él la Navidad, el año nuevo y los Reyes Magos. 

Con el invierno los días son más cortos, las nubes grises se apoderan del cielo y la nariz se me suele quedar helada, pero en esta estación, como en todas las demás, hay pequeños placeres que la hacen deseable.





En invierno me gusta hacer como que fumo con la respiración cuando salgo al frío desde un local cálido, escribir mensajes a la gente en el vaho que se queda en las ventanas por si alguien los lee más tarde, usar calcetines de lana para estar en casa y llevar guantes laaarrgos por donde no se cuele ni un poquito de aire frío. 


Ver llover a cántaros desde el balcón de casa, pasar por delante de los puestos de castañas, que los músicos que tocan en la calle tengan más calidad que en otras épocas del año, comer algún que otro pastel de queso de más y usar mi chaleco de pelos a todas horas son algunos de los placeres que uno a esta época del año.





Adormilarme frente a la chimenea, echar la siesta con el calor que desprende mi perrita, darme un baño tan caliente que la piel se me ponga roja, escuchar a Norah Jones, comer trenza de Almudévar, buscar muñecos de nieve con las cunetas tras una nevada, los villancicos, las pelis de Navidad y los jerséis gordos también tienen su hueco en mi lista de plaisirs polares.


También me gusta ver Love Actually, estar toda una tarde en casa enganchada a un libro sin arrepentirme por no salir, pensar regalos low cost+ high class para el amigo invisible, estar unos días en mi casa y no sólo un fin de semana deprisa y corriendo, ver cómo iluminan la ciudad por Navidad, comer foie y abrir el buzón de casa y, al menos una vez al año, no recibir sólo cartas del banco.



1 comentario :

  1. Me ha gustado mucho ;)
    Todas las estaciones tienen algo especial e irrepetible.
    Además, si no existiese el Invierno, con sus inclemencias, no apreciaríamos de igual manera los colores de la primavera y el sol del verano.

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