18 de diciembre de 2011

Romántica y canalla Roma

Miles de angelotes velan día y noche por el bien de la ciudad eterna. Entretienen a los turistas, acompañan a los dioses de piedra y escudriñan los rincones de Roma, donde sus habitantes, sobre tacones, doctor Martins o zapatillas deportivas, recorren las calles de la capital italiana en jornadas que nada tienen que ver con la eternidad que les rodea.

Este año he viajado dos veces a Roma y a pequeña escala he comprendido porqué esta ciudad  puede sobrevivir siglos y seguir asegurando la eternidad a sus visitantes.

Roma posee las dos caras de una misma moneda. Tiene a Rómulo y a Remo, la República y el Imperio, lo último de la moda y sus tradicionales sotanas, arte y desastre ...todo ello empapado por las aguas de un río que transporta al visitante de la piedad del Vaticano al ‘plaisir’ del Trastevere. Roma romántica y canalla, una dualidad que actúa de piedra filosofal para dar la vida eterna a la ciudad del Tíber.

Mi primer viaje fue romántico, artístico y principalmente, diurno. En el segundo topé con la noche y la fiesta y los tacones nos llevaron donde ellos quisieron: a disfrutar a espaldas de la Piazza Navona de la vida crápula y canalla que cierra el círculo que da la eternidad a la capital del Lacio.

                                     Foto de Raquel Ruiz

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